Pira

Esta pirámide (enero de 2023) nos señala con pocos riesgos de error cuál va a ser la estructura por edades española en nuestro próximo futuro. Una estructura insostenible. Pensemos sólo en uno de los efectos perversos de una estructura tan envejecida: el futuro de las pensiones. ¿Quiénes las van a pagar?
Y todavía hay gente por ahí –en las Administraciones Públicas y en las empresas privadas- echando sin piedad y sin pensárselo dos veces a mucha gente a la jubilación contra la voluntad de esos jubilados forzosos. Otros, con la alegría de un demente,  pretenden jubilar a todo el mundo al cumplir los 60 años. Todos estos “jubiladores” nos llevan al suicidio colectivo.

Primero calculemos y luego discutamos

A propósito de la publicación del sueldo de los miembros del Consejo Consultivo (la Comunidad Autónoma de Madrid puso en marcha esta institución después que muchas otras: Canarias, Cataluña, Baleares, Andalucía, Valencia, Aragón…) se han querido emitir dos mensajes, de esos que hoy penetran en la opinión pública como un cuchillo en mantequilla blanda.
El primero de ellos es que el PP ha querido comprar mi voluntad a cambio de una “mamandurria”. Es un tosco error: los ex presidentes de la Comunidad son miembros permanentes del Consejo Consultivo si así lo quieren y no incurren en incompatibilidad. No es un cargo creado a mi medida. Pero es que, además, ¿cuánto ganaba yo antes de “agarrarme a esta mamandurria”? Como estos nuevos inquisidores no van a contestar a esa pregunta, tendré que hacerlo yo:
Yo ingresé en el Consejo Consultivo procedente del INE. Había ganado mi plaza de Estadístico Superior del Estado en 1969 mediante oposición libre (estuve más de dos años preparando esa oposición con una dedicación de unas doce horas diarias).
Como funcionario, mi sueldo en el INE (según la nómina del mes de febrero de 2008 que tengo delante) era de 5.395 euros netos mensuales (83.300 euros brutos anuales).  Hoy, como Consejero, gano 5.525 euros mensuales (mi sueldo bruto anual es ahora de 100.560 euros). Teniendo en cuenta que la inflación acumulada durante estos últimos 63 meses ha sido el 11,4%, en términos reales ganaba más en el INE que ahora en el Consejo.
Vayamos al segundo mensaje: “A usted le están pagando los contribuyentes 8.380 euros mensuales por asistir a una reunión a la semana, es decir, por no hacer nada”.
La segunda parte se desmonta sola, pues es tanto como decir a los ministros –que también se reúnen una vez por semana- que ellos tampoco hacen nada. Pura demagogia. Y como la demagogia no tiene piedad con la Estadística, cogen el presupuesto bruto del Consejo Consultivo (sin tener en cuenta, por ejemplo, las plazas no cubiertas), lo dividen por el número de informes aprobados y deducen que cada informe cuesta unos 6.000 euros. “¡Carísimo!”, añaden.
Ah, pero ¿cuánto cobra un abogado de prestigio por un contencioso semejante?
Hay, además, otra estadística que tampoco se quiere calcular y es la de saber cuánto dinero suman las reclamaciones patrimoniales sobre las cuales informa el Consejo (ésa es una parte de su trabajo). Desde luego, el ahorro que los informes del Consejo sobre reclamaciones patrimoniales procuran a las distintas administraciones públicas multiplica por una cifra de dos dígitos el coste del citado Consejo.
También se argumenta diciendo que de esos contenciosos se podría hacer cargo el Consejo de Estado, pero cualquiera que conozca algo del asunto sabe que el Consejo de Estado no podría asumir esa carga de trabajo. Y que precisamente para ahorrársela y prestarle apoyo se crearon los Consejos Consultivos.

Pero volvamos a mi caso: ¿me pagan los contribuyentes 8.380 euros al mes? Evidentemente, no. Ese es el sueldo bruto al que es preciso restar los descuentos. En neto, ya lo he dicho, son 5.525 euros mensuales.
¿Es esa cantidad la que dejarían de pagarme los contribuyentes en caso de que yo dejara de trabajar en el Consejo? Desde luego que no. Veamos:
Después de haber cotizado al nivel máximo a la Seguridad Social desde mis veintipocos años y de seguir cotizando pasada ya la edad de los 65 años, yo cobraría una pensión de unos 3.000 euros netos. Si a lo que gano ahora (5.525) se restan los 3.000 euros nos quedan 2.525. ¿Es esa cantidad la que se ahorrarían los contribuyentes?  Tampoco.
Para empezar, una vez jubilado, yo dejaría de cotizar a la Seguridad Social y, desde luego, pagaría mucho menos de IRPF (en 2013 pagué de IRPF 46.968,56 euros por todos mis ingresos). Calculo que tras mi jubilación los contribuyentes se ahorrarían conmigo, como máximo, 1.000 euros mensuales.
Y yo me pregunto: ¿no habría muchas empresas o administraciones dispuestas a pagar 1.000 euros mensuales por el trabajo de una persona que tiene dos doctorados, ha trabajado de alto funcionario en España y  en las Naciones Unidas, ha sido profesor universitario, ha llevado la Hacienda del mayor ayuntamiento de España, ha sido diputado y ha sido, en fin, presidente de una Comunidad Autónoma durante doce años? ¿Es que la experiencia no vale para nada en España?
Pues eso: 1000 euros es lo que en términos netos paga la Comunidad de Madrid por la asesoría de una persona que la ha presidido doce años y que algo debe saber sobre los problemas que tienen la institución y los madrileños.

Concluyo este alegato con una reflexión más general: se percibe por estos lares una pulsión generalizada por quitarse de en medio a las personas mayores, como si estorbaran en sus puestos de trabajo. Y así vemos a médicos, ingenieros, administrativos… en perfecto estado físico y mental que, sin ellos desearlo, son “enviados” a la pre-jubilación o a la jubilación, como si esa expulsión le saliera gratis al contribuyente. Pues de gratis, nada. Los jubilados en contra de su voluntad cobrarán la jubilación y dejarán de aportar a la sociedad su valioso trabajo.
Aunque las personas con experiencia podamos llegar a ser bastante incómodas, antes de pre-jubilar o jubilar a una persona, el “jubilador” debería echar una mirada a la pirámide de edades española. Entonces se daría cuenta de que, en España, jubilar a alguien en contra de su voluntad es, simplemente, un crimen de “lesa patria”.

La bola de cristal

Los economistas nunca han tenido buena fama. Basta con recordar la frase de un economista prestigioso, Galbraith, dedicada a la capacidad predictiva de sus pares: “Las predicciones de los economistas sólo sirven para prestigiar a las echadoras de cartas”.
Con la actual crisis, un diluvio ha caído sobre un terreno ya empapado. En efecto, hasta la Reina de Inglaterra le llegó a preguntar a Tim Besley, un reconocido economista de la London School: “¿Cómo es posible que ningún economista se diera cuenta de que se aproximaba un colapso del crédito?”, eso le dijo. Pero antes, el Financial Times ya había titulado “Lea las instrucciones con cuidado antes de usar un economista” y The Economist había publicado un artículo intentando explicar el interrogante de su título “¿Cómo se torció la ciencia económica?”. En EE.UU y en todo Occidente la película “The inside job” presentó ante el público a un panel de notables economistas desorientados y balbuceantes como zombis.
José García Montalvo nos ha contado hace unos días una serie de notables despropósitos económicos, incluido aquel que consistió en dar el último Premio Nobel a dos economistas con teorías antagónicas sobre el funcionamiento de los mercados financieros.
Y uno se pregunta: ¿la Economía es una ciencia?
Si llamamos ciencias a las disciplinas que usan el método científico, es decir, el ensayo en el laboratorio, la prueba y el error, entonces la Economía no es una ciencia, lo cual queda meridianamente claro si contemplamos las, a menudo, risibles predicciones de los economistas. En otras palabras, si la capacidad predictiva de la Física fuera la misma que la del FMI, nunca se hubiera inventado el motor de explosión.
¿Y para qué sirven, entonces, los servicios de estudios? Ellos no buscan acertar, sino influir. Así se entiende por qué hay tantos servicios de estudios. En España el más influyente, al parecer, es el del Banco de España. ¿Y qué dice ese preclaro Servicio de Estudios? Siempre dice lo mismo: “hay que bajar los salarios”.

Obreros de derechas

El 5 de febrero de 1919 se inició en Barcelona una muy famosa huelga. La empresa se llamaba Barcelona Traction, pero todo el mundo la conocía como “La canadiense”, pues el mayor accionista de aquella empresa era el Canadian Bank de Toronto. La huelga (dirigida por la CNT) marcó un hito histórico, pues como consecuencia de ella el Gobierno publicó un decreto en el cual se instauraba en España el horario de ocho horas de trabajo (“ocho de trabajo, ocho de descanso y ocho de sueño” era entonces la consigna obrera a nivel mundial).
De lo que fue “La canadiense” sólo quedan hoy las chimeneas, y “Tres chimeneas” es el nombre del parque allí construido que hoy disfrutan los barceloneses.
Pues bien, hace días y con esas chimeneas como fondo, se hicieron unas fotos José María Álvarez y Juan Carlos Gallego, líderes catalanes de UGT y de CC.OO. Pero no aparecen solos en las fotografías, les acompaña, colocada en el centro, Muriel Casal, Presidenta de una organización llamada Omnium Cultural.
Omniun Cultural fue fundada en 1961 por Félix Millet, quien era entonces presidente del Banco Popular y de la aseguradora Chasyr (fundada en 1879). Félix Millet fue el padre de un individuo del mismo nombre que ha saqueado el Palau de la Música en beneficio de CiU y suyo (se hacía pagar bodas de hijas, e incluso los preservativos que usaba en el “nido de amor” que también había pagado el Palau). También fue cofundador de Omnium el señor Carulla, que fue dueño de Gallina Blanca y representante de los Rockefeller en Cataluña, y Pau Riera, presidente entonces de Simex. Al Omnium Cultural ha pertenecido desde entonces la flor y la nata de esas 400 familias que, según Félix Millet hijo, siguen mandando en Cataluña.
Omnium es hoy una institución bien engrasada desde la Generalidad, que se dedica a agitar las conciencias y a mover “esteladas”. Esas banderas cubanas que exhiben los separatistas radicales a favor del “derecho a decidir”.
La foto aludida se publicó encima de esta consigna: “El món del treball pel dret a decidir” . Y uno se pregunta: ¿qué hacen esos dos sindicalistas feladores metidos en la cama con lo más florido de la oligarquía catalana?
La respuesta nos la ha dado el escritor Javier Pérez Andújar. Hela aquí:
»Lo que se ve en esa foto, en realidad, es a dos dirigentes sindicales que han elegido una institución fundada por la oligarquía y el tipo de país que ésta propone. De algún modo, esta pareja de sindicalistas se ha dado cuenta de que ser español es de pobres.

“Podemos”

Los resultados de “Podemos” en las elecciones europeas merecen un comentario y para comenzar deberíamos saber quién es su líder, Pablo Iglesias II.
Este madrileño, de familia socialista “de toda la vida”, es profesor interino en la Facultad de Políticas y Sociología de la Complutense. Una Facultad cuyo decano actual, Heriberto Cairo, analista político de Latinoamérica, se ha dedicado durante años a reclutar “chicos listos”, como Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero o el mismo Pablo Iglesias. Una auténtica “casta” izquierdista, “la enfermedad senil del comunismo”.
Errejón, director de la campaña de “Podemos”, ha trabajado en Venezuela asesorando al chavismo, del que es devoto seguidor. También Monedero fue consejero de Chaves. No son partidarios de suprimir las elecciones, pero aplauden las persecuciones contra la oposición venezolana. Para ellos, combatir al “imperialismo yanki” justifica cualquier tropelía.
Pablo Iglesias II, el más mediático de todos, pertenece a un centro de Estudios Políticos y Sociales cuya labor principal (bien engrasada con el petróleo venezolano) es el estudio acrítico de los regímenes latinoamericanos alineados con el chavismo, que tantos bienes han traído a esos países.
Aunque muy pocos de entre los 1.250.000 votantes de “Podemos” hayan leído su programa, harían bien leyéndolo ahora, pues no tiene desperdicio:
El objetivo de “Podemos” (¿de “poder” o de “podar”?) es, por ejemplo, que sectores tales como las telecomunicaciones, la energía, el transporte, el sanitario y farmacéutico, la alimentación y la educación pasen al Estado. “Podemos” también propone dar el voto a los inmigrantes irregulares, apoyar los referendos de autodeterminación, eliminar el control de fronteras, incrementar el salario mínimo y establecer un tope salarial máximo… ¡ah! y jubilar a todos los trabajadores que hayan cumplido 60 años (¿habrán visto el aspecto que tiene nuestra pirámide de edades?).
El programa también le da un buen repaso nacionalizador a la banca, los intermediarios culturales, el sector exportador, las explotaciones agrícolas “infrautilizadas”. También quieren cerrar las centrales nucleares, de gas y de carbón. Amén de considerar los suministros de agua, luz y calefacción como derechos básicos y “acabar con la contaminación” (¿de un plumazo?).
Tras leer estas cosas, uno puede pensar que los votantes de “Podemos” quieren milagros y que en lugar de ir a Lourdes o a Fátima han decidido meter la papeleta de estos chavistas en una urna.