Archivo por meses: julio 2007

DE CAMPO Y PLAYA

 En vísperas de salir huyendo hacia campos y playas, los madrileños asistimos perplejos a un debate acerca de la altura que van a tener los futuros edificios en Madrid. De un lado, Aguirre y su Gobierno quieren limitar a cuatro el número de alturas; de otro, la nueva Ministra de Vivienda (Chacón) arremete contra la medida y dice que es “un atentado contra el medio ambiente y la calidad de vida”.
No deseo entrar en la polémica, sólo quiero suministrar a los lectores algunos elementos de reflexión: España ocupa, dentro de los 15 países de la Unión Europea (sin ampliar), el tercer puesto en el ranking de densidad urbana. Tres conurbaciones españolas están entre las diez primeras más densas de Europa. Detrás de París, que es la primera, están Barcelona (2604 habitantes por Km2) y Madrid (2349 h/ Km2).
Por otro lado y según el censo de 2001, más de dos millones de familias españolas poseían una segunda vivienda (el 15% del total de familias). Un porcentaje muy elevado en comparación con otros países europeos: menos del 5% en Holanda, 1% en el Reino Unido y menos del 1% en Alemania.
La proporción de los que tienen una segunda vivienda es del 18,4% entre quienes viven en casas con ocho o más alturas y tan sólo del 10,8% entre los que viven en viviendas de una sola altura. Dado que los que viven en casas bajas disfrutan, en media, de mejores rentas que aquellos que viven en casas altas, parece deducirse que quienes viven en casas altas muestran “más necesidad” de una segunda vivienda.
En efecto, en un reciente y muy documentado artículo de la revista francesa especializada Population, Juan Antonio Módenes y Julián López Colás llegan a esa conclusión: la altura del edificio en el cual está ubicada la residencia habitual juega un papel determinante a la hora de explicar la tenencia de una segunda vivienda.
El destrozo que para el litoral español, especialmente el mediterráneo, ha representado lo del “chalet en la playa” está suficientemente acreditado… por lo que todas las medidas que sirvan para bajar la presión del chalecito al lado del mar han de ser bienvenidas, también en nombre del tan amado “medio ambiente”.

EL ASCENSOR

 

Ella, mi vecina, morena, senos solventes y culo respingón, entró en el ascensor con poderío y dijo: “Al sexto, por favor”. Obediente, yo apreté el botón. Entonces me miró, o mejor dicho, me examinó y la sonrisa que, al fin, se dibujó en su boca carnosa era de aprobación.
“Este no es mi piso”, dije torpemente al llegar al sexto. “Puede serlo, si te apetece tomar un café en mi casa”, contestó desenvuelta. Yo supe que a todo ser humano se le concede un milagro y que aquél era el mío.

TENEMOS QUE HABLAR

Las tres palabras que encabezan este texto han sido, son y serán el principio del fin, la puerta de salida de multitud de relaciones amorosas, y anuncian el desguace de convivencias que entran así, con esta frase, en la “Cofradía del santo reproche”. Tengo intención de escribir unos relatos en torno a esta demoledora frase…deseo recibir todo tipo de ejemplos, de experiencias vividas que me ilustren …como la que sigue. Esta es salida de mi imaginación.
Este domingo de primavera –aprovechando la ausencia de los niños, que han ido al teatro infantil- una pareja madrileña.
-Debemos hablar del reparto del trabajo casero –anuncia Maribel-. Ya sé que es desagradable: es desagradable el trabajo y lo es hablar de él… pero es que yo cargo con la mayor parte… y con el desorden que son capaces de crear dos críos en casa.
-Insinúas que no me ocupo de los niños… ¿piensas que no los quiero?
-No es eso… pero llegas a casa y agarras el periódico o te sientas ante el televisor. Sólo los fines de semana te ocupas de ellos o te dignas hacernos la comida.
-Sabes perfectamente que estoy hasta arriba de trabajo. Dirijo una empresa, además una empresa pequeña, ¿recuerdas?, y no como tú, que trabajas en un Ministerio.
-¿Ahora vienes con ésas, con que los funcionarios no damos un palo al agua? Vamos, me siento cornuda y apaleada… –se queja Maribel.
-No te pongas así, pero habrás de admitir que tu trabajo es más llevadero que el mío.
-¡Y dale! –protesta Maribel-. Además no es sólo eso… lo nuestro ya no marcha como antes. Hay miles de detalles que me lo hacen sentir y no me refiero a la cama, aunque también… es lo mismo que empezó a pasarme con mi ex – marido.
-No sigas por ese camino. ¿Cómo te atreves a compararme con ese gandul? Por favor… ¿Te has olvidado de quién soy?
-No, no me he olvidado. Eres una mujer y te llamas Sonia, Sonia Fonseca… pero no parece que eso sea suficiente.
Y hay una resonancia amarga  en las últimas palabras de Maribel.

NERÓN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De la película Quo vadis? (Mervyn Le Roy), que yo vi recién estrenados mis primeros pantalones largos, recuerdo una escena en la cual Petronio (Leo Genn), que acaba de recibir de manos del sicario Tijelino la sentencia de muerte enviada contra él por Nerón (Peter Ustinov), decide quitarse la vida al finalizar una fiesta preparada en honor de sus nobles amigos romanos. Ya en los postres, Petronio dicta una carta dirigida a su verdugo en la cual hay una recomendación que yo recuerdo así: “Mata, divino Nerón, pero no escribas versos”.
Nerón, en efecto, era aficionado a versificar y sus halagadores, que eran legión, le habían hecho coronar de laurel por su méritos literarios, cosa que a Petronio, “el árbitro de la elegancia”, le resultaba, estéticamente, insoportable.
Pero quizá la recomendación de Petronio no está dictada sólo por la libertad que procura el trance definitivo de la muerte y vaya más allá, refiriéndose a la inconveniencia de mezclar las armas con las letras. Las armas, es decir, la fuerza y el poder.