TENEMOS QUE HABLAR

Las tres palabras que encabezan este texto han sido, son y serán el principio del fin, la puerta de salida de multitud de relaciones amorosas, y anuncian el desguace de convivencias que entran así, con esta frase, en la “Cofradía del santo reproche”. Tengo intención de escribir unos relatos en torno a esta demoledora frase…deseo recibir todo tipo de ejemplos, de experiencias vividas que me ilustren …como la que sigue. Esta es salida de mi imaginación.
Este domingo de primavera –aprovechando la ausencia de los niños, que han ido al teatro infantil- una pareja madrileña.
-Debemos hablar del reparto del trabajo casero –anuncia Maribel-. Ya sé que es desagradable: es desagradable el trabajo y lo es hablar de él… pero es que yo cargo con la mayor parte… y con el desorden que son capaces de crear dos críos en casa.
-Insinúas que no me ocupo de los niños… ¿piensas que no los quiero?
-No es eso… pero llegas a casa y agarras el periódico o te sientas ante el televisor. Sólo los fines de semana te ocupas de ellos o te dignas hacernos la comida.
-Sabes perfectamente que estoy hasta arriba de trabajo. Dirijo una empresa, además una empresa pequeña, ¿recuerdas?, y no como tú, que trabajas en un Ministerio.
-¿Ahora vienes con ésas, con que los funcionarios no damos un palo al agua? Vamos, me siento cornuda y apaleada… –se queja Maribel.
-No te pongas así, pero habrás de admitir que tu trabajo es más llevadero que el mío.
-¡Y dale! –protesta Maribel-. Además no es sólo eso… lo nuestro ya no marcha como antes. Hay miles de detalles que me lo hacen sentir y no me refiero a la cama, aunque también… es lo mismo que empezó a pasarme con mi ex – marido.
-No sigas por ese camino. ¿Cómo te atreves a compararme con ese gandul? Por favor… ¿Te has olvidado de quién soy?
-No, no me he olvidado. Eres una mujer y te llamas Sonia, Sonia Fonseca… pero no parece que eso sea suficiente.
Y hay una resonancia amarga  en las últimas palabras de Maribel.

17 comentarios para “TENEMOS QUE HABLAR”

  • Diego Cruz ha escrito (17/7/2007, 18:06 ):

    Buen relato, Joaquín. Al final le endosa al lector una sorpresa que no espera.

  • Rosa J.C. ha escrito (17/7/2007, 20:06 ):

    Espero más relatos deliciosos como el presente.

  • mariana bou ha escrito (18/7/2007, 08:58 ):

    Demoledor ejemplo,

  • Pilar ha escrito (18/7/2007, 09:20 ):

    Buenos días Joaquín, me parece una excelente idea, ¡adelante!.
    Otra frase muy socorrida que sigue a las tres temidas palabras T.Q.H. es: “No eres tú, soy yo, tú eres encantandora, no te merezco y bla bla bla”. Como si eso amortiguara el golpe. Éste es un ejemplo de cuando tenía 23 años.
    Enviaré más ejemplos,
    ¡Feliz día!

  • Malabarista ha escrito (18/7/2007, 10:14 ):

    Muy buen relato, cierto que esa frase es “el principio del fin”, y todavía mejor la que ha dicho Pilar, es oirla y te dan ganas de salir corriendo.

  • MANUEL MENCHEN ha escrito (18/7/2007, 11:30 ):

    ¡Joder con el fulano ese!, dice al entrar en su casa un hombre derrotado.
    Soltar la bolsa y beso de rigor,
    - ¿le has dicho algo al niño? ¿qué vas a comer?, por que es que no me has dicho que hoy venías antes.
    - Lo habitual.
    Las palabras expresaban su descontento y ella lo sabía perfectamente.
    - Venga que te pasa.
    - Nada.
    Era la respuesta sempiterna cuando el tono de su mujer era exactamente ese. Pero si ella insistía con:
    - Te conozco como si te hubieras parido. Cuéntame.
    El tono es imperativo, tge quieren ayudar para que no transmitas desasosiego y por eso las palabras, algunas veces, parece que cuestan dinero y otras se intentan guardar para no dar el mensaje de la derrota que te traes a casa.
    - Hoy me han hecho una putada de las de coger la navaja y hacer un repaso.
    - No será tán grave la cosa.
    - Lo es más de lo que pìensas.
    - Pues contando que es gerundio.
    Silencio, ¿cómo se dicen dicen que es importante? Somos el país de los fariseos: antes las formas que el fondo. Se prefiere oir hijo de mujer de vida alegre a hijo de puta. ¿Qué será peor?
    - Los que hacen las leyes en este país viven en un mundo de yupi que ya quisieran los teletabis……
    Efectivamente Joaquín (el de escucha Leguina) presidía la redacción de una de esas leyes en que no han preguntado al puterío, como siempre.
    Tenemos que hablar de putadas, de injusticias, de malos tragos que me llevo a casa para que personas ajenas tengan que aguantar la mala leche que me entra.
    TENEMOS QUE HABLAR, SI QUIERES Y SIN ACRITUD DEL ÚLTIMO PROYECTO DE LEY PARIDO (PARA MÍ ABORTADO) POR LA COMISIÓN QUE PRESIDES.
    PD: Es la única manera de contactar con uno de los representantes, las otras son harto difíciles.
    Saludos y a legislar.

  • MANUEL MENCHEN ha escrito (18/7/2007, 11:35 ):

    expresión que se usa cuando no se quiere hablar. especialmente los analfabetos integrales en informática

  • josé l. ibáñez ha escrito (18/7/2007, 11:49 ):

    Me parece muy ocurrente, es lo mismo que le ha dicho Putin a Bush despues de ir de “gorrón” a la casa de fin de semana de papá Bush, cuando se despedían. También se lo dice un jefe de gobierno cualquiera a sus desgastados ministros antes de mandarles el motorista..perdón hay nuevas maneras técnicas de hacerlo. La lista sería inagotable:el de los “lunes al Sol” a la tienda de ultramarinos de la esquina cuando la cuenta se retrasa, o el inquilino a su casero. En otros ámbitos es más fácil, en politica por ejemplo, no se utiliza la frase pero se crea una comisión.

  • Ibiza ha escrito (19/7/2007, 11:44 ):

    La historia, al final, refleja el dia a dia de las parejas. No depende del sexo que se tenga, si se es homo, hetereo o plurisexual. La realidad cotidiana, el trabajo, los horarios, el estres pueden socavar la paeja. El antídoto, confianza, comprensión y hablar, hablar. Mucha comunicación.
    Gracias Joaquín

  • Paula ha escrito (20/7/2007, 00:42 ):

    Grandioso, sencillamente grandioso. Yo también espero más relatos así.

  • Ernesto Allende Cafrune ha escrito (22/7/2007, 10:41 ):

    La que mas temen en casa.

    La que, cada cierto tiempo, le dirijo a mi joven hijo;

    “Siéntate y cuéntame que pretendes hacer con tu vida”

  • Isa ha escrito (25/7/2007, 03:15 ):

    -Necesito que hablemos.
    -¿Y tiene que ser ahora? Estoy muerto de sueño.
    -Tiene que ser ahora, lo siento. Si no, te dormirás y yo me pasaré toda la noche lamentando no haberte presionado lo suficiente, mientras las palabras que tú no quieres escuchar me desvelan y me ahogan y tus ronquidos …
    -¡Vaya, ya salieron! ¿qué les pasa a mis ronquidos?
    -Que son la digna sintonía de mi vida.
    -Veo que estás inspirada, pero va a ser preferible que te reserves para otro rato. Yo, ahora, quiero, necesito, dor-mir.
    -No te imaginas hasta qué punto puedes ser frustrante y odioso.
    -No, no me lo imagino. Venga, cielo, apaga la luz…
    ¿Pero dónde vas ahora?

    -Voy a contarle a Joaquín Leguina que en mi cama tengo a otro que también se asusta del “tenemos que hablar”. Pero que es bastante más tóxico para la convivencia lo que se calla. Yo lo tengo en la tráquea, como la manzana envenenada de Blancanieves. Y ya no puedo más. Así que ahí te quedas, con esa cómoda convivencia de mierda contigo mismo.
    (Un beso de parte de Isabel que, aunque discrepe, te quiere mucho).

  • Ana Sarabia ha escrito (25/7/2007, 16:00 ):

    Me dice Pilar que haga un comentario a este escrito de Joaquín Leguina. Y, ¿qué puedo decir? Tenemos que hablar: ¡cuántas conversaciones se han iniciado de este modo!. Creo que no es un modo conveniente para iniciar: la otra persona se pone a la defensiva, y se busca cómo “huir”.
    Mejor, si de verdad se quiere hablar: SORPRENDER con un paseo, con un regalo, ir al cine… y buscar el mejor momento para DIALOGAR… siempre, siempre FUNCIONA.
    Y si no fuera así, si lo que se busca es romper una relación, habrá que ser sincero, sincera, e iniciar el diálogo de otro modo, expresando lo que sientes, cómo te sientes …
    Saludos Pilar, y también a Joaquín.

  • Manuel León Morales ha escrito (27/7/2007, 18:49 ):

    “Tenemos que hablar”. Me lo dijo mi padre allá cuando cursaba Séptimo de EGB y llevé a casa el primer suspenso de mi vida con las matemáticas que me atragantó cierto profesor del que prefiero no hablar. La lástima es que en ese momento no se pudo hablar. Mi padre regentaba una tienda que él mismo atendía junto con mi madre, con lo que la conversación tuvo que posponerse para más adelante, probablemente para esa misma noche, antes de la cena. Mis padres siempre fueron muy exigentes en cuestiones de estudios y en otras. Extremadamente exigentes, más bien. Y aunque siempre me ha constado que me querían mucho, también he sido consciente desde muy temprano de que hay amores que matan. Tanto como para que yo retrasase la hora de entregar el boletín de notas lo más que me fue posible (por aquellos entonces había que devolverlos firmados por el tutor, y la idea de falsificar la firma de mi padre me rondó la cabeza. Si no lo hice fue más porque sabía que no podía eludir la presentación de las calificaciones a mis padres que por honradez). El caso es que para ese momento, ya llevaba yo una buena semana y media en que no pensaba otra cosa que la que me iba a caer cuando tuviese que mirar a mi padre y a mi madre a los ojos y aguantar el chaparrón. ¿Saben ustedes cómo son las horas antes del alba, cuando sabes que el pelotón de fusilamiento te espera fuera de la celda? pues añadanlé que no saben que tipo de muerte van a tener, y se harán una idea de cómo pasé esa tarde hasta que por la noche mi padre me reclamó con gesto adusto…

    “Tengo que hablarte”. Aquí el tono fue más imperativo y dejaba bien a las claras que, al menos de momento, a mi me tocaba callar y escuchar. Apenas si habrían transcurrido unos pocos segundos desde que mi profesor de filosofía se dirigió a mi hasta que realizó la pregunta preceptiva que suele seguir a este tipo de frases, pero a mi me dio tiempo de repasar sistemáticamente mi vida de bachiller en los últimos días de arriba a abajo buscando algo que se me pudiera reprochar sin encontrar nada. Pero algo debía haber…
    -¿De dónde has copiado las poesías que presentastes al concurso del instituto?
    -¿Yo? De ningún lado. Son todas mías. Las tengo escritas desde hace tiempo en un pequeño libro en blanco que me regalaron. Yo no he copiado nada.
    -Mira. Los profesores del jurado piensan que tus poemas están a años luz del resto, y creen que sólo es posible que las hayas copiado. Señalan a Juan Ramón Jiménez como tu posible fuente.
    -Yo no he copiado nada. Son mías… Si dicen que las he copiado lo menos que pueden hacer es sacar las originales a la vista para que se vea, y si no que se callen.
    -Yo te creo. Pero sería conveniente que esto mismo que me estás diciendo a mí se lo dijeras a ellos. ¿Te parece bien?
    -Ahora mismo vamos…
    -No. Esta tarde hay claustro y está la cosa más tranquila. Además estarán todos. Hoy eres la comidilla del profesorado.
    Por la tarde acudí con el libro en el que cada poesía estaba manuscrita y fechada. Y con la compañía de mi padre y de mi madre que me suponía no poco respaldo, aunque al claustro entré yo sólo. Recite las poesías de memoria, y les mostré otras muchas escritas por mí y que, ciertamente, podrían tener el mismo estilo. Me expresaron sus dudas pero no supieron que responder a mis quejas. Todos me creían, dijeron. Y en los días siguientes, uno a uno, todos pasaron por el establecimiento de mi padre a disculparse conmigo y con ellos por haber dudado de mi; algunos le recomendaron a mis padres que me inclinara hacia la literatura. El premio, sin embargo, se lo dieron a otro…

    “Tengo que hablar contigo. Muy seriamente” Esta vez era yo quien pronunciaba las fatídicas palabras, y era mi novia de aquel entonces la que las escuchaba. El rictus se le volvió serio al instante y apenas si se atrevió a musitar un quedo ¿Qué pasa?
    -Aquí no. Mejor vamos afuera, a la plaza.
    Salio tras delante de mí y no pude sino regodearme de la inquietud que se adivinaba en su postura ante la ignorancia de lo que se le podía avecinar. Esas palabras nunca auguran nada bueno. Sin embargo el que las pronuncia, yo, en ese momento, dominaba la situación y sabía de qué iba el asunto.
    -¿Qué es lo que pasa? acertó a preguntarme con más convicción apenas salimos a la calle.
    -¿Te quieres casar conmigo?…
    Hoy es mi esposa. Tenemos dos hijos preciosos y seguimos queriéndonos, no sé si igual o más. Procuramos pronunciar esas palabras tan poco como sea posible…

    Gracias por permitirme participar en su blog.
    Lamento la longitud del post, pero, ciertamente, la brevedad en la escritura no se ha hecho para mi.

    Un saludo.

  • jlprieto.net » Blog Archive » Tenemos que hablar ha escrito (28/7/2007, 23:29 ):

    […] (Joaqun Leguina, poltico y polemista del que tuve el honor de ser el introductor en esto del blogging -de lo que me arrepentir y, seguro, renegar cuando l deje de ser diputado, me temo-, ha publicado en su blog el primero de unos posts que relacionados con la temida interpelacin “Tenemos que hablar”. En plan divertimento, se me ocurre a m otro pequeo relato) […]

  • mariana bou ha escrito (31/8/2007, 12:28 ):

    Años 60,finales de los 50.Ella venteañera francesa.El madrileño en un pueblo de Almeria.Se conocen.Ella regresa a Paris y le envia una postal,escueta en direccion y texto,pero llega.En ella habia escrito la temida frase de tqh,y un nºde telefono.Salio bien. Quedaron en una ciudad que ninguno conocia.Otro ejemplo que tampoco acaba como el rosario de la aurora.En su tiempo el fue profesor de ella,habia habido algo entre ellos.Un dia en su contestador,aparecio un mensaje sorprendente que le divertia con la frasecita y una direccion.

  • Pilar ha escrito (18/10/2007, 10:25 ):

    ¡Buenas Joaquín!,
    El otro día veía mi serie favorita, FRIENDS, y decían una frase que he oído en muchas, muchas pelis americanas, y es la de “¿DÓNDE VA ÉSTA RELACIÓN”?.
    ¡Caray!, le pregunté a mi compi de piso: ¿ésta frase se dice en la realidad?.
    Y me contestó: sí, aunque yo nunca la he dicho, Yo he dicho la de: “ésta relación no va a ninguna parte”.
    IR Y VENIR, EN FIN, ¡QUÉ INEXPERTA SOY!.
    Muchos saludos,
    PIlar

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