EL DESBORDAMIENTO DEMOCRÁTICO


 “El desbordamiento democrático” del que siempre habla Joseba Eguíbar ha servido para echar del carro a Josu Jon Imaz y plantear un referéndum sobre el “derecho a decidir”, es decir, sobre la autodeterminación, aunque sin poner fecha. Por su parte, Carod Rovira –que sí le pone fecha- asegura que el año 2014 habrá llegado en Cataluña el momento de celebrar un referéndum sobre la independencia.
El mismo día en que los del PNV disparaban por elevación contra el texto constitucional, los nacionalistas catalanes y sus apoyos sobrevenidos hacían votos por la ya próxima Nación catalana que “será una nación reconocida no sólo en el preámbulo de su Estatuto, sino también en la Constitución de su propio Estado” (Pascual Maragall dixit). Mientras los líderes catalanistas se dedicaban con entusiasmo a la afirmación nacional-ista y a otros disparates, el selecto y escaso público, los palmeros allí reunidos expresaban sus iras abucheando, por orden de intensidad: al PP, al Real Club Deportivo Español y a José Montilla.
A la vista de estas actitudes –absolutamente descaradas y que dibujan un panorama desolador- cabe preguntarse: ¿para qué han servido las reformas estatutarias puestas en marcha al socaire de la “España plural”? Nadie tendrá ya la menor duda de que no han servido para atemperar los ánimos separatistas de quienes sostienen, por ejemplo, que Cataluña “ha definido una lengua y una cultura” y que Cataluña –como si fuera Dios- “ha modelado un paisaje”. Una Cataluña idéntica a sí misma, a-histórica, esencial y siempre agraviada por España.
Como bien se ve, “el desbordamiento democrático”, propuesto por quienes consideran que la Constitución es un papel mojado, consiste en ciscarse en ella cada lunes y cada martes. Mas, para quienes consideramos que la Constitución –fruto de un pacto político que los nacionalistas no parecen dispuestos a mantener- es la garante de la convivencia democrática, tales desbordamientos sólo tienen un referente- tan añejo como detestable-: el desbordamiento que inició Mussolini el 27 de octubre de 1922, al convocar la Marcha sobre Roma.

 

7 comentarios para “EL DESBORDAMIENTO DEMOCRÁTICO”

  • Diego Cruz ha escrito (17/9/2007, 13:52 ):

    Desde luego el panorama es un tanto desolador para la Europa del siglo XXI.

  • Luis Solana ha escrito (17/9/2007, 16:37 ):

    Vamos a ver, Joaquín, un poco de tranquilidad. Tú estás en el ojo del huracán democrático (el Congreso) pero yo ando de aquí para allá en el mapa de España. Alguna vez he oido en algún bar a alguien que leía un periódico gritando lo de “España se rompe”. Pero sin mucho entusiasmo entre la clientela.
    Visito Cataluña bastante, tengo parentela gallega, veraneo en Andalucía y mi segunda vivienda está en Castilla y León. Pues qué quieres que te diga: no he notado eso que dices.
    Más aún, tengo un nieto que vive cerca de Vich que se llama Pol Joel y que cada día habla mejor el castellano.
    He pasado unos días en Escocia: los debates con mis amistades sobre la posible independencia de Escocia fueron tema diario.
    Podríamos seguir.
    No digo que tengas algo de razón, pero te aseguro que toda la razón, no.
    He escrito en mi blog que España es y fue siempre inestable. Pues vamos a seguir trabajando para que ese equilibrio de 500 años siga funcionando.
    (No mandes mensajes tristes, nunca lo fuiste)
    Con afecto
    Luis Solana

  • Daniel M. ha escrito (17/9/2007, 17:12 ):

    La debacle del 98, cierra un siglo y anuncia una crisis identitaria en España con la creación de proyectos nacionalistas periféricos.
    Pero no frunzan el ceño los nacionalistas y no nos desdeñen a “los otros”, españolistas, centralistas, madrileños, en fin, gente de otra ralea. El nacionalismo es un sentimiento humano respetable, pero conviene relativizarlo y desacralizarlo un tanto, incluso _ no vendría nada mal_aplicarle ciertas gotas de humor.
    De ahí que no sea nada saludable ese llamado “el desbordamiento democrático” que ud. indica.
    Saludos.

  • jesus aja barquin ha escrito (18/9/2007, 12:40 ):

    Aunque pueda parecer que esto es como volver un poco a los Reinos de Taifas, en el fondo funiona lo de “protesta y grita que algo sacarás”. Ya tenemos ayer el ejemplo: 826 millones adicionales para Cataluña, con cargo a los presupuestos de 2007. ¿Es esto justo y equitativo cuano hay autonomías pequeñas que no les llega la sal al agua?. Como siempre se impone la fuerza de los poderosos y la insolidaridad es el signo de los tiempos.

  • julio c. rivera rocamora ha escrito (20/9/2007, 07:40 ):

    Pues tras leer el artículo y el primer comentario que aparece en este blog, a mí no me parece nada triste la actitud del autor. Me parece simplemente cierta, con profundidad radiográfica. Creo que es un análisis correcto, sin ironía, con certeza y con el que muy probablemente coinciden muchos ciudadanos viendo como se va el agua de lo que entendieron, y entienden, por España (no solo plural, sino poliédrica, pero una) entre la multitud de agujeros del cedazo nacionalista con la pasibidad de no pocos y el miedo de muchos a no ser considerado correcto y avanzado. Creo que el señor Leguina desde su imborrable trayectoria cree que en su grupo ideológico y político se puede pensar diferente desde dentro. Y lo hace. No es triste Sr. Solana, es certero y valiente.- J. Rivera.

  • violeta ha escrito (20/9/2007, 23:35 ):

    Permítanme que me dirija a Luis Solana para preguntarle qué proporción de razón tiene Leguina, ya que según él no la tiene toda, ¿un 60 %, un 30… cuarto y mitad? Vamos a ser serios. Leguina tiene razón y tiene además el valor y la decencia de decir lo que todos (los no nacionalistas) pensamos, pero calladitos, por si las moscas. Luis Solana, como otro Luis (Ansón) suele hacer, tiene el mal gusto de citarse a sí mismo y él solito se mete en el charco: si en verdad cree que España es inestable, debe convenir en que es irresponsable trivializar un asunto tan serio y lanzar cargas contra la línea de flotación de ese equilibrio QUE NUESTRA CONSTITUCIÖN GARANTIZA. Sr Solana, el aquelarre de la quema de la efigie del jefe del estado no es un tema menor, ni una gamberrada, a pesar de que “el concepto de nación sea discutible y discutido”.

  • Pedro ha escrito (24/9/2007, 14:55 ):

    Siendo madrileño y gran admirador de Joaquín, tanto política como literariamente, no estoy de acuerdo con el trasfondo de este artículo.

    Parece que el objetivo es convencer a quienes no se sienten españoles de que abandonen sus ideas, y que a cambio se les concede más autonomía. De ahí la pregunta sobre de qué han servido las reformas estatutarias. Pero el sistema autonómico no se hace para eso, se hace por que es el mejor para España, para el funcionamiento de su sociedad, y el bienestar de sus ciudadanos. Y estos 30 años de democracia lo han demostrado.

    Un Estado descentralizado, federal incluso, es el más acorde con la realidad socio-política e histórica de España, y es el que tienen muchos de los estados que mejor funcionan en el mundo: Alemania, Austria, Suiza, Bélgica, Estados Unidos, Canadá o Australia. Un sistema descentralizado no es una concesión a los nacionalistas, ya que el sistema centralista es algo ajeno, importado de Francia, primero con los Borbones y después a lo largo del siglo XIX, y ahí es cuando surgen los nacionalismos periféricos actuales. Una España centralista, uniforme, homogénea, ni ha existido nunca, ni existe, ni, afortunadamente, existirá nunca, es un utopía absurda, ni la sangrienta guerra civil y 40 años de dictadura han cambiado esta realidad, y no hay nada que lo vaya a cambiar.

    A mí que haya quien no se sienta español y quiera separarse no me preocupa tanto. No es que sea imposible jurídicamente, es que la opción independista es minoritaria, la mayoría de vascos y catalanes no la quieren, y si seguimos construyendo un sistema que funciona, federal mejor todavía, seguirá siendo así. Lo malo es que nos comportemos como si esto no fuera así, y en lugar de construir un buen sistema federal, haya quien se dedique a atizar el tema por intereses partidistas, o incluso para cargarse la descentralización política. Cuando el PP llegó al poder en 1996, ERC tenía 100.000 votos y 1 diputado, y acabó con 600.000 votos y 8 diputados. Lo que hizo Aznar fue lo erróneo, no lo que hizo González o ahora Zapatero. Los separadores son peor que lo separatistas.

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