Redescubriendo a Mao

E. Müller

Imagen: Edgar Müller

Los males que padece el PSOE en general y el de Andalucía en particular no los aliviará un acuerdo de Gobierno con una formación tan compleja y esquinada (en el sentido de su radicalismo residual) como es IU.
Hablar ahora del “desgaste que produce el poder” o cargar la culpa de las derrotas electorales sobre la crisis económica son dos formas como otras cualesquiera de echar balones fuera y de no enfrentarse a la triste y dura realidad de un edificio que, a mi juicio, tiene varias columnas dañadas que, de no restaurarse, acabarán por derrumbarse, y con ellas el edificio entero. Para demostrarlo no es preciso ser un fino analista sino sólo observar cómo el PSOE en Andalucía ha terminado por emitir una sensación que lo coloca a los ojos de muchos españoles más próximo a la cueva de Alí Babá que a una organización política.
El primero de los problemas con que deberá enfrentarse el PSOE es la selección de su propio personal. El sistema actual está tarado hasta el tuétano por la cooptación y sus derivados: nepotismo, endogamia y clientelismo interno. Para decirlo brevemente: cualquier organización económica, política, deportiva… que hubiera usado el sistema de selección de cuadros que practicó Zapatero en el PSOE (consistente en el desprecio absoluto por el mérito y la capacidad) hubiera acabado, como él, en la ruina.
El segundo problema lo tiene el PSOE en su propia retórica. Una retórica construida a base de consignas más pasadas de moda que el charlestón, junto a clichés y descalificaciones ridículos, por ejemplo, la siguiente: “La derecha española es igual al franquismo”. Un vacío mental que anuncia males mayores, pues el adelgazamiento militante que sufre el PSOE desde hace bastante tiempo tiene mucho que ver con la “ley de bronce” (la moneda mala expulsa a la buena), que hoy impera en el partido, entre cuyos mandos no son bien vistos ni los “listos” ni los “trabajadores”… y así nos luce el pelo.
Pensar ahora que el fracaso de Arenas en Andalucía representa la resurrección del PSOE es tan ilusorio como intentar arreglar la grave enfermedad que éste padece a base de aspirinas… y todo ello para seguir haciendo lo mismo aplicando ahora una especie de maoísmo originario: “Abandonemos las ciudades y volvamos al campo”.

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