Estoy de acuerdo con la crítica que subyace a las “perlas” seleccionadas por J.L. La argumentación humana no tiene límites con tal de justificar un resultado determinado. Habrá quien se tome dos cañas al día como medida terapéutica y mujeres lactantes que opten por la “sin” para mejorar la calidad de la leche. Ambos ejemplos resultarían muy graciosos y cómicos en un cortometraje. Mucho más aún cómico resulta observar a quien, persuadido por la palabra y los argumentos de los científicos pagados, da por ciertas las farsas ajenas.
Estas invocaciones de utilidad o cualidades clínico-terapéuticas me recuerdan lo que decía un conocido farmacólogo al evaluar un determinado protocolo de ensayo clínico que no podría conducir a resutado alguno: “Esto es como querer demostrar que un vaso de agua es un vaso de agua”.
Un prestigioso y ya fallecido endocrinólogo español, que no se recataba a la hora de cantar las excelencias del aceite de oliva, cobraba un sobresueldo por cuenta de las industrias del sector… El negociete era cutre, pero parece que el aceite está por encima de toda sospecha. Otro tanto podría ocurrir con el vino y la cerveza, ¿no?
¡Brindo por ello!
considero una brutalidad, es más, una burrada, la verdad, que un medicamento experimental emule los beneficios de un componente del vino tinto para frenar la obesidad y prevenir la diabetes en ratones. ahí es nada, se dice pronto. sinceramente, se están alcanzando cotas muy ‘totxas’ de manipulación, y yo creo que salta a la vista que la cosa ya empieza a no ser culpa de los de siempre, esto es los de la revolución de asturias. más que dos pueblos nos estamos pasando de castaño oscuro, lo cual resulta muy alarmante. preocúpate, pero sé feliz, sentemos las bases del ello proletario e instrumental y cierto aroma interclasista. en una palabra, hacer, lo que se dice hacer, lo que se pueda. luismi
Estoy de acuerdo con la crítica que subyace a las “perlas” seleccionadas por J.L. La argumentación humana no tiene límites con tal de justificar un resultado determinado. Habrá quien se tome dos cañas al día como medida terapéutica y mujeres lactantes que opten por la “sin” para mejorar la calidad de la leche. Ambos ejemplos resultarían muy graciosos y cómicos en un cortometraje. Mucho más aún cómico resulta observar a quien, persuadido por la palabra y los argumentos de los científicos pagados, da por ciertas las farsas ajenas.
Comentario de Rodrigo Martín
22/12/2008, 19:36
Estas invocaciones de utilidad o cualidades clínico-terapéuticas me recuerdan lo que decía un conocido farmacólogo al evaluar un determinado protocolo de ensayo clínico que no podría conducir a resutado alguno: “Esto es como querer demostrar que un vaso de agua es un vaso de agua”.
Comentario de Ignacio
23/12/2008, 17:26
Un prestigioso y ya fallecido endocrinólogo español, que no se recataba a la hora de cantar las excelencias del aceite de oliva, cobraba un sobresueldo por cuenta de las industrias del sector… El negociete era cutre, pero parece que el aceite está por encima de toda sospecha. Otro tanto podría ocurrir con el vino y la cerveza, ¿no?
¡Brindo por ello!
Comentario de violeta
25/12/2008, 22:44
considero una brutalidad, es más, una burrada, la verdad, que un medicamento experimental emule los beneficios de un componente del vino tinto para frenar la obesidad y prevenir la diabetes en ratones. ahí es nada, se dice pronto. sinceramente, se están alcanzando cotas muy ‘totxas’ de manipulación, y yo creo que salta a la vista que la cosa ya empieza a no ser culpa de los de siempre, esto es los de la revolución de asturias. más que dos pueblos nos estamos pasando de castaño oscuro, lo cual resulta muy alarmante. preocúpate, pero sé feliz, sentemos las bases del ello proletario e instrumental y cierto aroma interclasista. en una palabra, hacer, lo que se dice hacer, lo que se pueda. luismi
Comentario de luis miguel sarmentero vidal
28/12/2008, 11:36