RESPONSABILIDAD
“Éstos son mis principios, pero si no
le agradan, tengo otros”
Groucho Marx
Para el Gobierno, el viernes 29 de enero fue un día negro: se publicó la EPA del último trimestre de 2009: 19,1% de paro sobre la población activa (29,7% entre los extranjeros). Se supo que el año 2009 había cerrado con un déficit público por encima del 11% respecto al PIB y se dio a conocer un proyecto según el cual se alargará en dos años la edad de la jubilación y se reducirán las prestaciones. El Gobierno también anunció restricciones millonarias en inversiones y gastos públicos, afectando así a un Presupuesto recién aprobado.
Ya se ve que por mucho optimismo que se ponga en el empeño, los hechos son tenaces y preocupantes hasta el punto de hacer caer del caballo a este Saulo leonés que nos gobierna, y no lo ha hecho camino de Damasco sino de Davos. Sin despeinarse y al estilo marxista. De Groucho, claro.
A los políticos no les gusta hablar del pasado. Alegan que “el pasado no tiene arreglo”. Es cierto, pero lo que han hecho ayer genera responsabilidades hoy y sobre esta palabra, responsabilidad, se construye la Democracia.
Por ello –y sin entrar en el fondo-, esos giros copernicanos exigen respuestas. Por ejemplo, a las siguientes preguntas: ¿No se sabía que el déficit se había disparado? ¿Por qué se forzó entonces a las Cortes para que aprobaran unos presupuestos inviables? ¿No se ha dejado por los suelos el prestigio de todos? ¿Cómo se compagina esa reducción en las pensiones con las promesas reiteradas hasta la náusea según las cuales el Gobierno no tocaría jamás los derechos sociales?
A este propósito de las pensiones, el Gobierno ha pergeñado rápidamente una respuesta: “las reformas garantizarán el futu
ro de las pensiones”. La mejor respuesta a esta consigna la dio El Roto en una viñeta: Se ven en ella dos hombres encorbatados. El primero dice: “Para garantizar el futuro de las pensiones hay que hacerlas coincidir con la fecha de fallecimiento”. Y el otro pájaro contesta: “Pues claro”.
Joaquín:
Veo que te vas calentando (como todos) y no es para menos.
Ver para creer. Ya nos quedan pocas palabras para calificar a este iluminado y a su recua de secuaces.
¿Hasta cuándo?. Ciertamente el español no reacciona porque está descastado y cuando parecía que lográbamos una reconciliación, llega este saulo (sauro, más bien) y nos enfanga.
Pobre España…
Querido Joaquín, a estas alturas del partido debes saber que no estamos en el último decodo del camino… Cierto que las emociones, las ilusiones y las pulsiones de entonces no son, ni de lejos, las de ahora, pero es precisamente ahora cuando más preciso resulta hacer valer los valores y las actitudes que entonces nos movieron -y nos empujaron, arrastraron- y de las que ahora todos parecemos huérfanos. La ideología de manual resulta cegadora y es un mal faro para esta travesía, tan malo como los cantos de sirena de quienes todo aplauden y todo callan.
No vamos a salir a la calle con tortillas y con claveles, pero que tampoco a nosotros nos pidan silencio.
Un abrazo fuerte
¿No se sabía que el déficit se había disparado?
Si, pero la megalomania no se atiende a razones.
¿Por qué se forzó entonces a las Cortes para que aprobaran unos presupuestos inviables?
Por dos razones. Primera por que sino se forzaban, el tripartito catalan se iba de vacacciones.
Segunda, por que no hay libertad de voto en el Parlamento. Una verguenza de nuestra partitocracia.
¿No se ha dejado por los suelos el prestigio de todos?
Si, pero hoy mismo la Salgado, en un ejercicio de vanidad, ha estado en la city londinense tratando de recuperarlo. Ha argumentado que ya antes el deficit era muy alto y se recupero. Le ha faltado decir, ya vendran los del PP a arreglarlo.
¿Cómo se compagina esa reducción en las pensiones con las promesas reiteradas hasta la náusea según las cuales el Gobierno no tocaría jamás los derechos sociales?
Con demagogia, demagogia y mas demagogia. O como decia Groucho: Max madera!!!!!!!
Lo de Sp se veía venir de lejos. Así lo denunciamos muchos desde masdemocracia. Como bien decía en el prólogo de Jordi Sevilla nunca ha creido en la ideologia en politica, todo para el es discutible y discutido como el término nación como las competencias constitucionales e incluso el Estado, todo mientras se consiga mantener en el poder. Así le denunciamos desde la única agrupación virtual en la red masdemocracia en el 2005 perteneciente a la federacion valenciana del PSOE y fúe cerrado por algunos que todavía cobran su sueldo gracias a ZP. Cuando el PSOE se dará cuenta la gran cantidad de indeseables que se le cuelan por su sistema de selección . Desde Roldan no se avanza, cualndo seremos más democraticos. Abramos las listas y que sean los ciudadanos que son los que menos se equivocan.
En resumen, el mejor partido político posible el PSC y no me refiero al partido socialista de Cataluña, más bien debería existir el Partido del Sentido Común, menos ideas y más gestores, menos broncas y discusiones en bares y en la calle entre los seguidores del A y los seguidores del B y mas responsabilidad.
Mas formación e información a la gente para que tenga su propio criterio en el voto y no el seguidismo a cualquier precio.
Existe demasiada demagogia en todas las declaraciones que hacen los políticos.
Sr. Leguina todas sus declaraciones están muy bien, pero tendrían mas valor estando dentro de un partido.
La soberbia este acabando con este gobierno, hay muchas mas preguntas que hacerles, pero a señor zp ¿a que se piensa que esta jugando?.
Este pais no es un juego de mesa.
Señor Leguina, gracias es un consuelo leerlo, al menos no todos estan ciegos
Pasese por aqui y lea mi comentario…sin acritud y con todos mis respetos….puede participar si lo desea.
http://www.debatecallejero.com/?p=1936
El comentario que le envie no aparece. No me diga que sigue existiendo la censura. Si es así creo que debe de obviar los comentarios que viene realizando ultimamente.
Saludos.
Javier Caraballo escribió en su blog:
Joaquín Leguina, uno de los críticos más mordaces de Rodríguez Zapatero, se ha dejado caer en una entrevista con la siguiente afirmación: “En las próximas elecciones, por supuesto que votaré a Zapatero. Soy militante socialista y ésa es mi obligación, me guste o no me guste”. Es curiosa la respuesta porque, cuando se oye razonar a Leguina, cuando se le oye criticar el peligroso adanismo de Zapatero, la perversión de los valores socialistas o las consecuencias letales para España de su “gobierno de ocurrencias”, cuando se le oye un razonamiento así, lo único que no se espera uno es que, en el instante final del discurso, le pegue una patada al tiesto y deje hecho añicos todo lo anterior. ¿De qué sirve tener principios socialistas, aplicar el sentido común o anteponer el interés de estado a los intereses particulares si, al final del discurso, la conclusión es que, por encima de lo que se piense, existe una obligación: votar con los ojos cerrados y la nariz tapada? ¿De qué sirve preocuparse por el país en el que uno vive, por su región o su ciudad si, al final, por obediencia, se vota a alguien a sabiendas de que está perjudicando el futuro? Y sobre todo eso, ¿qué más le da a Zapatero lo que piense, diga o escriba gente como Leguina, qué más le pueden dar las críticas de miles de votantes y militantes, si cuando llegan las elecciones acuden a la urna a votar como autómatas, “porque esa es la obligación”?
Ignora Leguina que, por encima de las obediencias de la militancia, todo ciudadano debe anteponer su condición de demócrata, y es la democracia la que se deteriora con ese planteamiento. También la democracia se guía en esto por las leyes del mercado, y cuando un líder político llega a la conclusión de que haga lo que haga, siempre tendrá respaldo suficiente para seguir en el poder, entonces lo que aparece ya no se llama democracia. En eso, sea cual sea la sigla, el militante le hace un flaco favor a su partido y a la democracia cuando su único objetivo es defender la bandería.
Ocurre, además, que una cosa es la disciplina de partido, la que se impone a los cargos electos, y otra muy distinta es la disciplina de votante o la del militante, que siempre es contraproducente. Se puede entender la disciplina de partido, que se eviten los desacuerdos públicos, que se quiera ofrecer a la sociedad el mensaje de un partido coherente, con un solo discurso, pero también esa disciplina debe tener sus limitaciones. Si en un partido desaparece la discusión y el debate interno, entonces lo que impera es un régimen cesarista. Leguina lo sabe y lo escribió: “Los partidos se han pasado por el Arco del Triunfo el artículo 3 de la Constitución desde hace muchos años, que dice que los partidos, en su estructura y en su funcionamiento, deben ser democráticos Parece un circo romano este Comité Federal del PSOE, se levantan y aplauden, y si te quedas sentado quedas como el tonto de la película. Estamos para discutir, no para aplaudir. Una pena, pero por otro lado vamos a ver si esto de la crisis les da un baño de realidad. Creo que no es culpa del Gobierno, pero trae un golpe de realidad y se van a reducir las ocurrencias, lo cual es de agradecer”.
Ovaciones de circo romano… ¿Está seguro Leguina de que con el voto obediente no es él mismo un espectador más de los que aplauden en el circo romano?
Manuel escribió en el blog de Caraballo:
Leguina ya viene de lejos en esta postura, en la que reincide y termina por perder coherencia.
Hace unos tres veranos lo escuché en una de las charlas de El Mundo en Punta Umbría. Entonces era parlamentario y se despachó a gusto con el Estatuto de Cataluña, a cuya aprobación había contribuído con su voto escaso de remilgos. Entonces se justificó con la disciplina de partido. Ahora ya no se puede escudar en la obediencia, pero insiste en la contradicción de aprobar con su voto (futuro) lo que critica con tanto fundamento. Quizás la esquizofrenia que le causa esta doble postura, que en el fondo no deja de ser una forma de sectarismo, es lo que le permite seguir tan pancho aplaudiendo en ese circo romano que, en el fondo, le debe gustar.