PARLAMENTARIOS

Una diputada laborista, enfadada por el discurso que estaba pronunciando Churchill, lo interrumpió para decirle:
-Si usted, señor Churchill, fuera mi marido, le pondría veneno en el café.
-Y si yo fuera su marido… –contestó el Primer Ministro con parsimonia- me lo tomaría.
Pére
z Madrigal, uno de los parlamentarios llamados “jabalíes” en las Cortes de la II República, interrumpió un discurso de Indalecio Prieto con estas palabras:
-Buen socialista está usted hecho, llevando como lleva calzoncillos de seda.
-No sabía que su señora fuera tan indiscreta –remachó don Inda.
Feliz idea la de Ortega al bautizar como jabalíes a los diputados que pataleaban y boicoteaban a otros en la II República española. Pero, ¿cómo bautizamos a aquellos que apenas patalean y que de ningún modo hablan?, ¿diputados mármol? Hay algunos que aunque sea a gritos me gustaría oírles. El slilencio es como el viento : atiza los malos entendidos y no extingue más que los pequeños.
Sé a quien te refieres con esos comentarios, Antonio, pero tienes que tener en cuenta también el caso que se hace a esos comentarios cuando se realizan. A nadie le gusta hablar al viento.
Otro rifirafe parlamentario al vuelo:
(desde la tribuna, con acento apocalíptico) ¿Y qué haremos con nuestros hijos?…
(desde un escaño) … Con los otros, no sé, pero al de Su Señoría acabamos de hacerlo subsecretario…