LA PRIMAVERA LA SANGRE ALTERA
La primavera en Madrid, más que una estación del año, es una figura literaria, pues aquí el invierno y el verano son tan prepotentes que achican al tiempo de un suspiro a otoño y primavera. Ésta última, arrinconada entre las dos estaciones gigantes, suele reducirse a unos tímidos y cortos días, durante los cuales madrileños y visitantes aprovechan para disfrutar la templanza de una agradable temperatura que saben será efímera. Sin embargo, en esos días floreados es cuando, sustituyendo a las prendas de abrigo, aparecen los jóvenes varones ataviados con leves prendas que dejan al descubierto su poderío muscular, tan duramente trabajado en los gimnasios invernales. Ellas, las mozas madrileñas, desprendidas de trencas y de lanas, comienzan a exhibir una leve franja de su piel, la que deja al aire, por el sur, la cortedad de la camiseta y, por el norte, el cinto que sujeta desganado un pantalón, tan levemente que éste amenaza con venirse al suelo. Justo en el centro de esa desnuda piel aparece el heraldo de la primavera, la maravillosa cicatriz, la singular sutura que dejó el cordón de la vida al ser cortado. El redondo y levemente hundido, el dulce, prometedor y comestible ombligo femenino. Esa miniatura del mundo ahuyenta al frío con el escalofrío que produce su sola contemplación.
Acepto que en materia de madrileñas quien fue presidente de la Comunidad mantenga una cierta autoridad. Pero no le acepto esa extraña teoría de que los ombligos de las chicas de madrid se deban al corte del “cordón de la vida” (¿no se le ha ido un poco la pinza con la emoción?). Más bien es la cicatriz que queda en la barriguita, cuando consigue librarse de un apéndice ya inútil. Las despedidas siempre deja. alguna huella.
Haría tb alguna objeción a su percepción espacial. La camiseta está al sur… ¿con respecto a qué? Uy, qué primavera más turbadora le espera.
Los chicos, además de músculos, tienen ombligo. Lo que pasa es que no me los imagino comestibles, a menos que sean prominentes. Porque ¿cómo se come un hoyo? Me lo tiene que explicar.
sencillamente maravilloso su articulo.
Si usted no sabe cómo se come un hoyo, no sabe usted lo que se está perdiendo
Maria,
Te veo muy poco tentada por el mundo de los sentidos. Un hoyo, como tu dices sobre el ombligo, se puede lamer, se puede mordisquear en sus bordes, se puede jugar con él. Nunca hay que desperdiciar ningun ápice de piel.
Leguina, me sorprendes cada día. Dentro de ete mundo que es el internet da gusto poder contar con páginas donde se prima la inteligencia y el buen hacer con las palabras. Gracias
El ombligo femenino como el masculino es la huella imperecedera y sutil de la persona dependiente que lo fué de su madre.
Y la naturaleza tan sabia ella, deja una hendidura, un vacio , una ausencia , que a mi amigo Joaquín parece gustarle llenar.
La primavera despereza el invierno y en Madrid es rupturista, en Canarias los ombligos, persistentes a lo largo que todo el año no alteran la cotidianidad. Je Je ,, la pequeña diferencia… ay picarón…. Con todo afecto
A pesar del tiempo que llevo en la blogesfera, hoy descubro su blog y me llevo una grata sorpresa..¡es magnifico!
..y como compañeros de partido, (yo humilde militante y usted toda una institución..) le invito a mi blog a que se una su post de primavera con el mio.
http://despertaresmorir.blogspot.com/2007/03/la-primavera.html
Un cordial saludo.
Los ombligos de todas las chicas, el mío incluído, te agradecen el poético homenaje. Me gustan mucho tus cuentos. Pero estoy esperando al J.L. de los artículos de prensa y de “Los rios desbordados”. Andamos sobrados de consignas y faltos de reflexión. Te echamos de menos.
Esto no es para publicar, aunque no importa si lo hace, ¿me daria su permiso para enlazar su blog a mis “espiritus afines”?
Seria un honor para mi.
Muchas gracias.
Ibiza, encanto, agradezco infinitamente tu lección de erotismo para principiantes. Pero quien quiero que me explique con pormenores cómo se come un hoyo es el anfitrión del blog… ¿se me entiende?
Para comerse un hoyo o para comer en un hoyo, lo primero que es preciso hacer es…agacharse, bajarse al hoyo, lo demás es cuestión de apetito, habilidad, ternura…
N.B. Las clases prácticas dias alternos en las 22 horas y las 24 horas.
Acaso con las campanadas de la medianoche la carroza se comvierte en calabaza… o viceversa? Una pena: no podré tomar clases, porque las vampiresas no podemos salir antes de las doce. Pero le agradezco mucho el ofrecimiento y le envío un beso con colmillo, lleno de ternura y de apetito, pero falto de habilidad, claro. ¡Una verdadera pena!
Pues lo siento
Buen post, Joaquín, eminentemente lírico y literario. Un fuerte abrazo.
nota bene:si algun planea algun paseo primaveral por la ciudad me gustaria compartirlo.saludos.
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son puras patrañas lo que el mundo dice jajajajajajaja agregame men jeineralvaro_28@hotmail.com
jorge