LA VARA DE MEDIR
Si ha de salirse de la doble moral, que hoy pretende imponerse, no queda más remedio que aplicarse a sí mismo la vara que uno ha tallado para los demás. Por otro lado, y con el fin de evitar males mayores y arbitrariedades sobrevenidas, debiera elaborarse un código deontológico aplicable a todos por igual. Un código consensuado social y políticamente que evite la arbitrariedad mediática, saque a los jueces de la política, o a la política de los juzgados, y permita hablar, cosa que ahora no ocurre, de las cuestiones que a la política conciernen. Es decir, las ideas propuestas acerca de la organización social, de las desigualdades económicas y los problemas existentes, que siguen siendo tan urgentes como numerosos.
Ineludiblemente el modelo americano, pobre en cuanto a la reducción bipartidista de acometer los problemas de los ciudadanos, se ciñe sobre nuestras pantallas, a las que todos, antes o después, rendimos pleitesía.
El ciudadano no lee, no escucha, no atiende. Sólo capta, atisba y cree que entiende. Si no le gusta lo que ve, la culpa es suya, que cambie de cadena y verá cómo todo casi encaja. Y lo más importante: no se olvide de votar.
Hemos entrado, hace tiempo en otro espacio. El poder de la razón decae. Se yergue el imperio de la estética. También la estética del poder.
-Pedro
precioso.
Precioso